
En Bocas de Ceniza se desarrolla el drama de la
confrontación del hombre y la naturaleza posiblemente más notable de
Sur América. Encierra una campaña épica, a veces con tintes románticos,
que sirve de patriótica columna vertebral a un futurista conglomerado humano.
Durante más de un siglo, los líderes de Barranquilla han librado una cautelosa pero
imparable lucha por estudiar, entender y dominar la desembocadura del río Magdalena.
El pulso con el río registra progreso constante, y un reto permanente para la gran meta de la
dinámica urbe: tener un puerto fluvial y marítimo, del mayor calado posible.
Sin embargo, el crecimiento permanente de las dimensiones (incluyendo el calado) de los
grandes buques portacontenedores, que mueven el 90% de la carga del mundo, ha dificultado
la tarea; la meta se aleja, y ello, en vez de apabullar, en el caso de Barranquilla, sirve
de acicate en la lucha por manejar la desembocadura. Su industria ha apoyado la concreción del
puerto fluvial y marítimo, importando materias primas y exportando productos terminados por
la vía más económica, que es la acuática, en barcos con el calado apropiado, aunque a veces tuviera
que manejar desvíos a otros puertos.