Una breve historia del puerto fluvial y maritimo de Barranquilla

José Vicente Mogollón Vélez

En Bocas de Ceniza se desarrolla el drama de la confrontación del hombre y la naturaleza posiblemente más notable de Sur América. Encierra una campaña épica, a veces con tintes románticos, que sirve de patriótica columna vertebral a un futurista conglomerado humano. Durante más de un siglo, los líderes de Barranquilla han librado una cautelosa pero imparable lucha por estudiar, entender y dominar la desembocadura del río Magdalena.

El pulso con el río registra progreso constante, y un reto permanente para la gran meta de la dinámica urbe: tener un puerto fluvial y marítimo, del mayor calado posible. Sin embargo, el crecimiento permanente de las dimensiones (incluyendo el calado) de los grandes buques portacontenedores, que mueven el 90% de la carga del mundo, ha dificultado la tarea; la meta se aleja, y ello, en vez de apabullar, en el caso de Barranquilla, sirve de acicate en la lucha por manejar la desembocadura. Su industria ha apoyado la concreción del puerto fluvial y marítimo, importando materias primas y exportando productos terminados por la vía más económica, que es la acuática, en barcos con el calado apropiado, aunque a veces tuviera que manejar desvíos a otros puertos.

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